SCHIAPARELLI EN FASHION WEEK: ICARUS CONQUISTA LA ALTA COSTURA
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Daniel Roseberry, Schiaparelli
Fotografías de Vogue Runway
Daniel Roseberry inauguró la semana de la Alta Costura llevando a Schiaparelli a una nueva modernidad. La expectativa sobre la firma siempre es alta, gracias a los conceptos que, año tras año, nos muestran una nueva mirada que nunca se aparta de sus raíces, pero que, de alguna manera, sigue manteniendo una perspectiva fresca e innovadora llena de aprendizaje.
Con “Icarus” se emprende un viaje hacia los años 20, a las tiendas de fabricación de listones en Lyon. Daniel logró obtener estos materiales para estudiar sus colores y, así, aprendiendo de la alta costura de la época y couturiers como Madame Grès, Paul Poiret o Yves Saint Laurent, consiguiera inyectar un toque barroco a la modernidad.
Como es costumbre, la riqueza de la colección se encuentra en las siluetas y el uso de materiales. Apoyándose en la corsetería francesa y siluetas de los 30s y 50s (como la famosa línea A), Schiaparelli explora técnicas como baños de glicerina en plumas que luego fueron peinadas con queratina, logrando un efecto de piel que evoca a las showgirls de la época.
El gran homenaje tapizado de modernidad no podía escatimar en referencias a Elsa Schiaparelli como vestidos reminiscentes de las prendas de los años 40s o halters de tul plisados con emblemas anatómicos característicos de la firma. Para Rosenberry, pensar en la modernidad no debe limitarse a acabados minimalistas y, con “Icarus”, la promesa de sentirse en un sueño se materializa en vestidos que son dignos de recordar y preservar en museos.
Las siluetas de esta colección revelan lo intrincado de la corsetería francesa. Los soportes y estructuras están patronadas para soportar cada caída (ya sea de tul, satín o seda) y, al mismo tiempo, darle la forma perfecta, demostrando que nada es casualidad. Todo está construido a la perfección, digno para recordar y listo para ser admirado.